¿Cómo se financia una Smart City?

Los datos de los usuarios pueden ser el nuevo medio de pago

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Más de sesenta ciudades forman en la actualidad la Red Española de Ciudades Inteligentes (RECI), una red abierta cuyo objetivo es propiciar el progreso económico, social y empresarial de las ciudades a través de la innovación y el conocimiento, apoyándose en las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Un claro ejemplo de cómo las Smart Cities se afianzan día a día en nuestra sociedad. No obstante, la innovación tecnológica tiene un coste elevado que no todas las ciudades pueden asumir.

La RECI define como Smart City o Ciudad Inteligente aquella que dispone “de un sistema de innovación y de trabajo en red para dotar a las ciudades de un modelo de mejora de la eficiencia económica y política permitiendo el desarrollo social, cultural y urbano”. En definitiva, una urbe que se sirve de las innovaciones tecnológicas para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos prestando los servicios necesarios de la forma más eficiente.

Una nueva forma de vivir la ciudad que se encuentra todavía en una fase inicial y que conlleva una inversión. Un coste que se debe financiar y que a largo plazo reporta un elevado ahorro. Incorporar en las farolas sensores para que sólo se iluminen cuando detecten movimiento o chips en los contenedores para avisar de que están llenos y deben recogerse, son algunos ejemplos de cómo la innovación conlleva un importante ahorro en energía. Nadie lo pone en duda, pero según los expertos estos ahorros no son suficientes para financiar el progreso, es necesario mercadear con algo más y ese ‘algo más’ parece que serán los datos de los usuarios.

En el siglo XXI, el acceso a los datos se ha convertido en algo muy valioso para las compañías que buscan llegar a su público objetivo a través de ellos. Una nueva moneda de cambio que tiene sus riesgos porque no todo vale. Es imprescindible poner límites y definir las leyes de Protección de Datos. Además, financiar las Smart Cities a través de los datos tiene otro gran riesgo: ¿qué pasa con las ciudades pequeñas que no tengan un número de población suficientemente atractivo para que las empresas quieran sus datos?

Queda claro que es necesario definir y poner límites respecto al uso de datos haciendo partícipe a todos los agentes involucrados. Es preciso generar valor a través de los datos para que puedan beneficiarse los propios ciudadanos y las empresas sin que se menosprecie a las urbes con menos habitantes. Pero ¿cómo? este será uno de los grandes retos de futuro de la Smart City.

FUENTES: redciudadesinteligentes.es / elmundo.es

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